sábado, 27 de diciembre de 2008

La otra cara de la Navidad

Era una fría noche de Navidad. Regresaba a casa, cuando, al pasar por la parada de autobús que hay en la esquina, me pareció ver un bulto bajo el asiento. Pude comprobar cómo un pobre hombre dormía allí acurrucado, teniendo ese asiento por único techo. Siempre se habla de los contrastes e injusticias en la sociedad; y en estas fechas navideñas parece que nos sensibilizamos un poco mas con el desfavorecido; pero no nos damos cuenta de la cruel realidad hasta que no la tenemos delante nuestra, como me acababa de ocurrir a mi en la parada del autobús, camino de mi casa. Al instante se agolparon en mi mente toda una serie de ideas: el derroche de dinero, en estas fechas, mientras que hay quien no tiene ni un techo donde guarecerse; las personas para quienes la Navidad no siempre es sinónimo de alegría; la de comida que sobra en banquetes y reuniones, mientras, aquí mismo, cerca nuestra, hay quien pasa hambre, quien se va a la cama - si es que la tiene - sin comer; entré en mi portal junto a una señora que también había visto a este pobre hombre y, mientras subíamos en el ascensor, comentábamos nuestro pesar e impotencia por esa situación. ¿De verdad no puede uno hacer nada?, me preguntaba, mientras iba por el descansillo, y decidí bajarle una manta. Al entrar en mi casa y contarlo, los comentarios fueron del tipo: - hay que comprar mantas, estamos fatal; - papi, esta que usamos en el salón no, que nos la ponemos luego por encima en la cama; o - tendríamos que mirar en el altillo y lo mismo hay algo; ya estaba a punto de tirar la toalla, cuando alguien dijo: - dale la mía, que no me importa; -¿y tú cómo vas a dormir?, pregunté; -no te preocupes, me meto en el saco de campamento y me tapo con la colcha; -gracias, mañana mismo compraremos más mantas. Bajé a la parada y tapé a ese pobre hombre. Recordé que tal dia como ese, hace más de dos mil años, Dios se hizo niño y encontró quien le procurara algo de calor en la noche fría. En esta otra Navidad, el Señor viene a nosotros una vez más, y se nos muestra, no sólo en los belenes, sino también en quien pasa frío en la calle y necesita, al igual que Él en el pesebre, un poco de calor con que pasar la noche. Esta historia es verídica, sucedió hace dos días, y esa niña generosa se llama María, mi hija mayor que, en medio de sus contradicciones de adolescencia, no puede disimular que tiene un corazón de oro. Y así...esa noche de frío invierno, una niña generosa dormía sin su manta, y abajo, acurrucado en la parada del autobús, un pobre hombre le ganaba la batalla al frío, bajo una cálida manta rosa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Acabas de ponerme los`pelos de punta !!!!!!!
Qué historia tan hermosamente amarga o tan amargamente hermosa-llámala como quieras-
Tengo que darte la enhorabuena por esa hija "adolescente" tan MADURA a pesar de su edad.Lo más fácil hubiera sido esconder la cabeza bajo el ala - tal cual avestruz - y echarse a dormir o seguir viendo la tele sin más ... pero ella entró de lleno en el pesebre y ofreció al " niño " lo que tenía...
Ya te dije en cierta ocasión que " por donde llueve moja ",creo que los hijos son fiel reflejo de sus padres y antes o después les sale lo que han vivido y en este caso, primo, se te ha visto el "plumero" .
María ha demostrado tener un corazón como "la copa de un pino",generoso,desprendido,en pocas palabras como el TUYO.
Ella sí que ha entendido el verdadero sentido del 25 de diciembre y no los adultos...
Por cierto,seguro que aquella noche cercana a la Navidad, alguien con "otro" enorme corazón e infinita generosidad,que no distinguía ricos de pobres y vivió con humildad hasta el fin de sus días,os hizo un guiño desde el cielo y entre palmas de angelitos traviesos se puso a cantar por "alegrías" :


QUE A CÁI NO LE LLAMAN CÁI
QUE LE LLAMAN NAVIDAD
POR UNA MANTITA ROSA
DE MARÍA EN EL PORTAL